El derecho a portar armas

December 30th, 2012

Viví una gran parte de mi vida en Caracas, la ciudad con el índice de homicidios por delincuencia más alta del mundo. El año pasado murieron más de 22 mil personas. Una de las paredes del estudio de mi abuelo en Caracas tiene un impacto de bala: una bala perdida que entro por la ventana una noche mientras dormían.

Cuando vives en un lugar así aprendes muchas cosas sobre las armas, aunque jamás hayas tenido una. Los caraqueños muchas veces dicen que es peor tener un arma que no tenerla porque si un delincuente te ataca y descubre que tienes un arma es más probable que te mate en el acto, en lugar de perdonarte la vida.

Conocí a un señor que tenía una tienda en el Centro de Caracas y que llevaba a todas partes un revólver. Un día se le acercó un delincuente al coche mientras estaba pagando el ticket del parking. No dio tiempo a que el delincuente le dijera lo que quería porque el señor sacó el arma para defenderse y hubo un intercambio de tiros. El señor fue herido en un brazo, pero mató al delincuente y conservó su vida, sus propiedades, y defendió su seguridad.

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Amor Fati

November 15th, 2012

En el instituto estaba convencida de que quería estudiar biología. Me imaginaba con una bata blanca en un laboratorio secuenciando el código genético. Así que cuando me tocó decidir qué carrera estudiar, eso fue lo que elegí.

Me fue bien. Tenía buenas notas. Hice muchos amigos. En el segundo año de la carrera empezaban las materias prácticas y aunque quise ignorarlo, la verdad es que no me gustó trabajar en el laboratorio. La biología me gustaba como teoría pero no necesariamente me gustaba aplicarla. Así que dejé la carrera.

Mi padre se enfadó. Lo que le molestó fue la idea de que yo estuviera “perdiendo el tiempo”. Para él el problema era que “perdí” un año estudiando una carrera que no quería, y tendría que “perder otro año más” aplicando a otra carrera por darme cuenta tarde. Para él eso significaba que estaba “dos años atrasada”.

No era la primera vez que escuchaba a alguien referirse a la vida de esa manera. Tengo una amiga que tiene 35 años y no se ha casado. El matrimonio es su tema de conversación favorito. Cada vez que la veo me dice lo mismo: que las mujeres tienen que casarse jóvenes porque es cuando pueden elegir con quién hacerlo. Que a medida que la mujer envejece los hombres “buenos” de su edad ya se han casado y los solteros “que quedan” no están interesados en salir con mujeres de su edad. Que los hombres mayores buscan mujeres más jóvenes que ellos. Para ella la vida es una especie de carrera, hay que ser veloz y ocupar los mejores puestos antes de que te los quiten.

Ambos, tanto mi padre como mi amiga, ven la vida como un proyecto que se planifica y se ejecuta. Lo que está detrás de esa idea es una visión particular del tiempo. La manera en la que creemos que el tiempo ordena la realidad. En nuestra cultura el tiempo es como una línea recta, lo entendemos como una línea del tiempo que tiene un pasado, un presente, y un futuro. Las cosas que ocurren son el resultado de una relación de causas y efectos.

En nuestra visión de tiempo lineal, el tiempo fluye en una sola dirección. El pasado es diferente del futuro y todo lo que hagas hoy tendrá un efecto en el mañana. Por lo tanto cada uno de nosotros es el actor principal de su vida y también su arquitecto porque con cada acción determina el resultado. Para el hombre occidental el destino no existe, en cambio existe la idea del libre albedrío.

No siempre entendimos el tiempo de esta forma. En el pasado el hombre estaba inmerso en la naturaleza, formaba parte de ella y dependía de su ritmo para sobrevivir. El hombre vivía de la recolección, de la caza, de la pesca, de la siembra, y de la cría. Algunas civilizaciones dependían del mar, otras de la tierra, pero todas necesitaban entender el tiempo de la naturaleza para poder sobrevivir.

El hombre antiguo observaba la tierra y aprendió a contar el tiempo en ciclos. Los períodos de fertilidad y abundancia se alternaban con los de infertilidad y sequía. Formaban un ciclo que coincidía con el ciclo del clima, con las estaciones. El mar también tenía su ciclo. Las mareas altas y las bajas se alternaban en una secuencia. Las estrellas aparecían y desaparecían en el firmamento en ciclos. La Luna crecía y menguaba, hasta las mujeres formaban parte de ese ciclo natural de la fertilidad en el que el mundo se destruye y se renueva.

Así que el hombre antiguo construyó su idea del tiempo a partir de los ciclos naturales. Creía que los eventos de la vida de los hombres, al igual que los de la naturaleza, tenían un ritmo, un patrón cíclico que se repetía una y otra vez. El tiempo del hombre primitivo era una rueda que giraba y sobre esa rueda las vidas de los hombres ejecutaban una y otra vez el mismo baile.

Del tiempo cíclico nace la idea del destino. Si el tiempo es una rueda que gira y lo que ocurre hoy es una repetición de algo que ha ocurrido mil veces en el pasado, y que seguirá ocurriendo de la misma forma en el futuro, entonces no hay mucho que una persona pueda hacer para cambiar el rumbo de las cosas.

Casi todas las culturas diferentes de la Occidental conservan esta forma de entender el tiempo. Los nativos americanos conciben el tiempo de forma circular y encuentran absurdo nuestro afán por medirlo, dividirlo y cuantificarlo. Los nativos americanos que viven de acuerdo con sus tradiciones rechazan la idea del reloj.

Los hindúes creen que el mundo es un ciclo de creación y destrucción. Creen que las almas reencarnan en nuevos cuerpos. Creen que la respiración es una expresión de ese ciclo eterno: con cada inhalación creas, con cada exhalación destruyes. Para los hindúes el tiempo es en sí mismo una deidad llamada Kalachakra que lo conoce todo, y su naturaleza está representada en la mandala, esa figura de círculos concéntricos.

La mandala no es la única representación del tiempo cíclico. Los calendarios de casi todas las culturas antiguas tenían forma de disco precisamente porque representaban esa idea del tiempo. El calendario maya es así, las mandalas son así, el símbolo budista del timón también es circular, pero quizás la más famosa sea la figura del ouroboros, esa serpiente que se muerde su propia cola.

El cambio de ese modelo de tiempo al nuestro fue producto del cristianismo. El judaísmo introdujo la idea de la creación. El mundo no había existido siempre, sino que fue creado, tuvo un único e inequívoco principio, que es el punto en el que comienza su historia y también el tiempo. Pero el cambio radical llegó con la figura de Cristo. Hasta entonces los dioses vivían separados del hombre, y tenían un tiempo propio que en nada se parecía al tiempo de los humanos.

Pero con Cristo fue Dios mismo quién se encarnó en un hombre. Dios nació, vivió, y murió como un hombre. Por primera vez la línea del tiempo de los hombres y la línea del tiempo divino se cruzaron y eso cambió por completo la idea que teníamos del tiempo.

A partir de Cristo existe un pasado (antes de Cristo) un presente (después de Cristo) y un futuro en forma de promesa (la segunda venida de Cristo). El tiempo pasó a ser una especie de flecha, una línea ascendente que se atravesaba en una sola dirección.

San Agustín escribió La Ciudad de Dios. En esa obra habla acerca de dos ciudades: el Reino de la Tierra, y el Reino de los Cielos que es el eterno destino de la sociedad cristiana, y en el que se encuentran todas las bendiciones y la felicidad divina. Para San Agustín el cristiano debía tener un objetivo en el mundo concreto: construir la Ciudad de Dios en la tierra a través de las enseñanzas del cristianismo para pertenecer al Reino de Dios en los cielos. San Agustin trazaba una línea hacia el futuro, ofrecía emprender un proyecto en el presente para alcanzar esa promesa de felicidad eterna.

Esa idea se llama proyecto histórico y aunque San Agustín fue el primero, en nuestra vida moderna tenemos el mismo mecanismo pero en una presentación secular. El comunismo, por ejemplo, también es un proyecto histórico. Existe la sociedad actual y la sociedad sin clases. El comunismo traza una línea hacia esa ciudad sin clases del futuro, y ofrece un proyecto en el presente para alcanzar esa promesa.

Nuestras vidas individuales también son un reflejo del proyecto histórico. El guión de la vida y todos los planes que hacemos se parecen a lo que planteó San Agustín. Estamos acostumbrados a imaginar un futuro maravilloso, a trazarnos una línea recta que va desde el presente hasta ese mundo que imaginamos, y después nos convencemos de que es solo cuestión de emprender un proyecto que lo convierta en realidad para vivir felices por siempre.

Esa es la base del guión de la vida, de nuestro modelo moderno. La escuela es un proyecto histórico: el futuro es esa vida maravillosa con un empleo seguro y una familia, sólo tienes que emprender este proyecto educativo en el presente para poder llegar hasta allí.

Es lo que está detrás de la idea del empleo: en el futuro podrás escalar dentro de la empresa, obtener un buen puesto de trabajo que sea lucrativo, podrás jubilarte con beneficios y no tendrás que trabajar más. Tu futuro será maravilloso, sólo tienes que emprender este proyecto en el presente. El empleo es un proyecto histórico.

Las hipotecas son proyectos históricos. Si obtienes esta hipoteca en el presente con estos intereses concretos en el mundo del ahora, en un futuro serás el dueño de tu propia casa, no tendrás que pagar más por tu vivienda, además se revalorizará y si algún día decides venderla no sólo vas a recuperar el dinero que has estado pagando todo este tiempo sino que además seguramente podrás venderla más cara de lo que te costó.

Casi todos los espejismos de la vida moderna, sus estructuras obsoletas, están basadas en una forma de entender el tiempo que no es consciente pero que lo baña todo: todo lo que hacemos, lo que sentimos, nuestras decisiones y nuestros planes están relacionadas con nuestra visión del tiempo lineal.

Ahora bien, da igual cuál es la realidad con respecto al tiempo. No importa cuál de las dos visiones es la más acertada desde el punto de vista científico, no es a eso a lo que me refiero. Da igual. Lo que importa es entender cuál es nuestra visión interior del tiempo, la que usamos para vivir, y cómo esa visión afecta todo lo que hacemos en nuestra vida. Muchas de nuestras frustraciones y deseos nacen de allí.

A diferencia del tiempo lineal, el tiempo circular es más benigno. En ese modelo el tiempo no comienza ni termina, solo fluye. En lugar de entender el tiempo como una línea, un segmento con un principio y un final, el tiempo circular lo entiende como un ciclo lleno de principios y finales que se repiten una y otra vez.

El sentido de la vida cambia si te trasladas a un modelo como este. El hombre que entiende el tiempo como un círculo no se plantea que lo que ocurre en su vida depende exclusivamente de sus decisiones, no se ve a sí mismo como un arquitecto de su futuro. No está obsesionado con el paso del tiempo y no considera que planificar más allá de lo inmediato es una actividad crucial.

De la misma manera, en el tiempo circular, el tiempo no es algo que se puede perder. El tiempo es abundante y nunca se termina. Simplemente está ahí, fluyendo constantemente, todo lo que tiene que ocurrir en la vida va a ocurrir en su momento sin necesidad de forzar artificialmente las cosas.

En el modelo circular el error no es garrafal. Un sólo error no anula tus futuras posibilidades, solo es parte de la vida. En el tiempo cíclico la vida es una secuencia de principios y finales, y no importa cuántos errores cometas siempre habrá un nuevo principio que traerá consigo la oportunidad de volver a empezar.

Si el tiempo es una rueda la vida no se entiende como algo que tiene un resultado. La vida no es una carrera. No es algo que debes ganar. La vida no se entiende como un triunfo o una derrota, sino como algo que simplemente es.

Pero eso no quiere decir que el modelo circular del tiempo no tiene puntos débiles. Para algunos creer en la idea del destino, así sea una idea de destino suave puede ser aterrador. Nietzsche decía que si te encuentras con un genio y ese genio te lleva aparte y te explica que después de la muerte lo que ocurre es que tu vida vuelve a empezar y debes vivirla exactamente igual, repetir las mismas acciones una y otra vez hasta el final de los tiempos, entonces sería muy difícil no morirse de asco.

El mito del castigo de Sísifo es un ejemplo de ese terror al destino cíclico del que hablaba Nietzsche. Sísifo quiso burlar a Hades y recibió un castigo eterno. Todos los días empujaba una enorme roca hasta la cima de una montaña, pero al llegar hasta ahí, la roca se deslizaba y rodaba hasta el pie de la montaña. Cada día Sísifo tenía que volver a empezar.

Para el hombre antiguo la única manera de aceptar el tiempo cíclico era rendirse ante él. Para poder vivir tenía que aprender a celebrar su propio destino que es al mismo tiempo su propia vida. Tenía que celebrarlo todo: lo bueno y lo malo. En latin hay una palabra para esa idea, se llama “Amor Fati” y significa “amor hacia el propio destino”. Amor Fati significa aceptar la vida con sus errores, con sus partes felices y sus partes amargas.

Amor Fati no es la idea de la tolerancia hacia el destino. Cuando hablamos de tolerancia lo que queremos decir es que hay algo malo, algo que no nos gusta, pero que debemos vivir con el disgusto, tenemos que “tolerarlo”. Amor Fati es aceptación. Es regocijarse en la vida con todo lo que en ella es necesario, incluyendo lo malo. Es aprender a amar lo que la vida te otorga. Aprender a no resistirse a lo que nos disgusta, no declararle la guerra a la aflicción ni al error. Se parece un poco a la idea de “no hay mal que por bien no venga” pero la trasciende.

La fórmula del Amor Fati es la siguiente: aprender a no querer cambiar nada. A no querer que nada sea distinto. Ni en el futuro ni en el pasado, ni en ningún punto de la eternidad. No es simplemente aguantar lo que no te gusta porque es necesario y mucho menos ocultar lo que te disgusta. Todos los idealismos son, al final del día, una forma de mentirnos a nosotros mismos para aceptar aquello que no podemos cambiar. Amor Fati no es recibir al mundo con idealismo, sino recibirlo con amor.

El tiempo circular y el Amor Fati te enseñan a aceptarte como eres, a vivir en el presente, y a celebrar cada cosa que la vida te ofrece sin pensar en el pasado ni pensar en el futuro, sin aprenderte de memoria un guión que alguien más inventó, sin atormentarte por el orden de la secuencia o el tiempo que inviertes en cada etapa. Es una manera de disfrutar la vida y de dejar a un lado todas las cosas que nos agobian.

El modelo del tiempo es sólo un fragmento del libro de La Vida Simple un libro que trata acerca de la crisis, los esquemas obsoletos, y cómo podemos plantearnos la vida de otra manera. El libro cuesta 15 euros, ha vendido más de 30 mil copias, si quieres saber más sobre él puedes leer el FAQ. O también puedes comprarlo directamente en paypal pulsando sobre este enlace.

Derechos y privilegios

October 19th, 2012

Esta es una compilación de algunos comentarios que puse en twitter y que produjeron un debate interesante. Si quieres seguirme en twitter pulsa aqui: @acapulco70

Ayer hablaba con una amiga francesa que lleva más de 20 años viviendo en Estados Unidos. Me dijo que en Francia la gente se comporta exactamente igual que en España. Que viven con la mano extendida.

En Francia, igual que en España, está mal visto tener un buen coche, y si quieres disfrutar de algo costoso mejor será que lo hagas a escondidas. Como pedir una botella de vino caro en un restaurante, hay quien pide al camarero que la envuelva en papel de aluminio para que el resto de los comensales no sepa que estás bebiéndotela.

Por eso mi amiga dice que jamás volvería a Francia porque allí aplauden que Hollande haya aumentado el impuesto a los ricos al 70%. Ella considera esto un problema de mentalidad.

Ella va a votar por Romney. Dice que lo más importante en este momento es la economía y la falta de trabajos. No entiende por qué las mujeres no quieren votar por él. Dice que las mujeres hacemos del aborto un tema demasiado importante, cuando solo es un detalle.

Yo, que soy pro-choice y partidaria de todo aquello que implique respetar la libertad ajena, me sentí intrigada por su argumento y le pregunté qué quería decir con que el aborto es un detalle.

Me soltó el típico sermón de todo conservador. Que sólo debería hacerse cuando el embarazo es producto de una violación, o cuando la vida del feto está en peligro, pero que no debería ser accesible a todo el mundo.

La misma persona que minutos antes se quejaba de los límites impuestos a la libertad individual por la mentalidad de la izquierda europea apoya causas que limitan la libertad en la vida privada de los demás. ¿No es igual de absurdo que limitar la libertad de los ricos y exigiéndoles que den más que limitar la de las mujeres exigiendo que se les prohiba el aborto?

Es igual de absurdo pedir que se le aumenten los impuestos a los ricos porque te parece que es “lo justo” aunque no te beneficie que pedirle al Estado que legisle sobre el útero de las otras mujeres o sobre quién puede casarse y quién no. Son todas violaciones a la vida privada, a los únicos dos derechos que tenemos: libertad y propiedad.

Yo no quiero que el gobierno se meta en la vida de la gente, ni en sus finanzas ni en sus decisiones. Lo que para ti es una “más justa distribución de la riqueza” es en realidad una imposición sobre la propiedad de otros.

Si quieres más oportunidades trabaja por ellas, pelea y lucha, como lo hicieron los antepasados de aquellos a quienes llamas ricos. ¿Por qué crees que un rico le debe más que tú a la sociedad? ¿Por qué un rico TE DEBE algo a ti?

La igualdad de oportunidades no garantiza nada. Ante el mismo escenario dos personas hacen cosas completamente diferentes.

Si tres personas no tienen nada y les das una naranja a cada una, lo que hace con ella es un problema de mentalidad. Dale una naranja a un pobre y se la come. Dale una naranja a uno de clase media y dividirá los gajos entre los meses del año para ahorrar. Dale una naranja a un rico: le quita la piel y las semillas, te vende la pulpa más cara, siembra las semillas, y con la piel se hace un té.

La naranja es la misma pero al cabo de un año el rico tiene una planta y tú no. ¿Es justo que te de el 70% de los frutos para distribuirlos entre quienes os comisteis la vuestra?

No siempre lo mejor es lo mejor

October 2nd, 2012

Lo que más me sorprendió del iPhone 5 es que pesa muy poco. Apple no lo sabe aún pero eso es un defecto. Es un defecto porque hasta ahora el peso del iPhone lo diferenciaba psicológicamente del resto de los móviles. Al coger un iPhone en la mano sabías lo que era, aún sin mirar. Y psicológicamente sentías que tenías en tu mano un objeto superior, hecho de un material especial, algo único, y no un simple gadget de plástico. Un teléfono ligero puede ser mejor, pero no siempre lo mejor es lo mejor.

En tecnología es fácil saber qué es lo mejor. En igualdad de condiciones es mejor tener un disco duro de 1TB que uno de 500 GB. En igualdad de condiciones cuanto mayor sea la resolución que soporta una pantalla, mejor. Una cámara de 12 megapíxeles es mejor que una de 8 si todo lo demás es igual, y menos peso en un teléfono es mejor porque es más cómodo de usar. En esa carrera juegan los teléfonos Android, los ordenadores PC, quién ofrece más que la competencia: más capacidad, más memoria, más resolución de pantalla, un procesador más rápido. Números que se ven bien en la caja, o cuando comparas las descripciones en el mostrador.

La carrera tecnológica no tiene fin, pero nuestras necesidades sí. ¿Cuándo deja de ser importante la velocidad que alcanza un coche? ¿Es importante para ti la diferencia entre un coche que alcanza 210kmph y otro que alcanza solo 200kmph? ¿A dónde vas a ir a 210kmph? ¿A la universidad? ¿Al mercado? Hay un punto en la carrera tecnológica en el que la diferencia entre una cosa y otra es irrelevante: el usuario medio es incapaz de llenar un discoduro de 1TB, ¿para qué necesita uno de 2?

Lo que hizo que Apple sea lo que es hoy fue aprovechar eso. Hasta ahora Apple se había mantenido al margen de la carrera. En lugar de producir tecnología, que es algo replicable, ofrecía objetos. Cosas como el peso del teléfono o sus especificaciones daban igual porque no era eso lo que Apple vendía. La tecnología permanecía oculta para que fuese la experiencia lo importante. Apple jugaba en otra liga.

La diferencia de criterios entre el antiguo Apple y sus competidores es algo que se extiende a muchas otras áreas de la vida. Hace meses que no miro mis estadísticas del blog con regularidad. Ha dejado de importarme cuánta gente entra cada día aquí, cuántas visitas únicas tengo, cuántos de ellos hacen click, y cuánto tiempo pasan en mi página. Me da igual. Me da igual porque sé que no tiene mayor importancia. Es en otra liga que quiero jugar.

Si tienes una página y vives de la publicidad, bien porque te la compra un anunciante, o porque usas un sistema como adsense de Google, los números, la cantidad de visitas, lo es todo para ti. Se ven bien en la caja y el anunciante cree que eso es lo importante. Google paga por clicks aunque esos clicks no garanticen nada al anunciante.

Esa es la intención que guía el trabajo de la mayoría de las páginas. Buscan atraer el mayor número de gente cada día porque eso abulta las cifras. La mejor forma de hacerlo es tener a un montón de gente escribiendo artículos breves sobre temas de actualidad (o temas “siempre verdes” para google), producir la mayor cantidad de contenido posible al día e interconectar tu contenido para que un solo visitante haga varios clicks en tu página cada vez que entra.

En esa liga está jugando la mayor parte de las webs, al menos las de habla inglesa. Desde About.com, o ehow, hasta el Huffington Post, pasando por Gawker y Refinery29. Hasta las webs más raras e “independientes” como The Hairpin, The Awl o Thoughtcatalog funcionan así: produciendo un gran volúmen de contenido para atraer la mayor cantidad de clicks.

Generar tráfico es importante para estas páginas porque es su forma de generar dinero. Pero aunque no uses tu blog personal para eso los números de tu página tienen otra ganancia y es que también son una forma de alardear frente a los demás de la misma manera en que alardeabas del procesador de su ordenador clónico con tus amigos. Si pones uno de esos mecanismos que cuenta cuánta gente entra en tu página y todo el que entra puede verlo, tu superioridad quedará demostrada ante todos. No es muy diferente a la competencia entre móviles Android.

Si tu interés es hacer algo por tu cuenta de forma completa, como puede ser vender tus libros a tus lectores, o tu música, o lo que sea, entonces la cantidad de gente que hay en tu página da igual. Lo importante es que te sigan a ti, que les importe lo que tú tienes que decir porque popularidad no es lo mismo que influencia. Pueden llegar a ser dos conceptos opuestos.

Buscando popularidad puedes llegar a traicionarte, y perder influencia con quienes te leen. ¿De qué te sirve tener 25 mil seguidores en twitter si a ninguno de ellos le importa tu opinión y sólo quieren reirse de tus chistes? La popularidad son los números, la influencia es lo que está detrás de ellos, la confianza que tienen en ti quienes te leen. Influencia es lo que trasciende la pantalla, las teclas, internet, y transforma tu proyecto en algo importante. Aunque tener más visitas en tu página es mejor que no tenerlas, tenerlas no significa nada. No siempre lo mejor es lo mejor.

El todo es más que la suma de sus partes. Si partes de un criterio cientificista y solo valoras lo medible, no puedes ir más allá de lo aparente. Te quedas con lo obvio porque te pierdes las conexiones que son complejas e imposibles de cuantificar con las herramientas que tenemos. Es imposible medir la confianza que tienen en ti quienes te leen, pero no por eso deja de ser un valor muy real. Más que los números de tus estadísticas.

Aprender a ver más allá de lo aparente, más allá de lo medible, es algo que se extiende también a otros ámbitos. Perfeccionar tu obra es una carrera sin final, igual que la tecnología. Todo puede ser refinado, las habilidades perfeccionadas, y sin embargo llega un punto en el que debes detenerte. Al editar, por ejemplo, puedes mejorar un escrito hasta cierto punto, y cuando te pasas comienzas a dañarlo. Le robas la espontaneidad, le quitas la magia. A diferencia de la gramática, de la ortografía o del ritmo, la espontaneidad es imposible de medir, pero no significa que no está allí.

No todos los artistas son Miguel Ángel. No todos tienen ese talento. Sin embargo, muchas veces los artistas que más me interesan no son como él. No son perfectos en lo que hacen, me gustan los que tienen limitaciones. Verlos luchar contra sí mismos y aceptar su vulnerabilidad puede ser la parte más interesante de una obra de arte. Puedes medir la perfección anatómica de una figura, la profundidad, la luz y la perspectiva, pero la lucha interna del artista es imposible de medir.

Borges era incapaz de escribir diálogos. Dalí no sabía pintar. Bob Dylan no cantaba bien. Todos los artistas son como ellos, si te detienes lo suficiente puedes descubrir sus límites. Son sus límites los que le dan un estilo propio. La importancia de su obra reside en otra parte que no es la técnica y sus defectos lo subrayan. Aceptar los límites es una forma de rebeldía que te hace único. Si Fiona Apple hubiese cantado música pegajosa hubiese vendido más discos y al día de hoy nadie la recordaría.

Los límites pueden parecer defectos, pero en realidad son lo que nos contiene. Lo que nos delimita y lo que nos define. Los límites nos dan forma y nos hace únicos, es lo que nos diferencia del resto de la gente. Ser perfecto es lo mejor, pero lo mejor no siempre es lo mejor porque aquello que carece de límites es imposible de definir. Lo humano es un desvío, es un gesto, el detalle que se sale de la fórmula, un traspié, un momento de duda, todo lo que es imposible predecir y lo que no se ve bien en la caja.

Ser pobre

September 12th, 2012

La principal diferencia entre una persona rica, de clase media, o pobre, no está en la cartera, sino en la perspectiva.

Casi todas las personas tienen una idea parecida sobre lo que significa el éxito. La mayoría consideran que tener éxito es tener riquezas y creen que tener riquezas es tener mucho dinero. Así que por propiedad transitiva, tener éxito implica tener mucho dinero. Cuando imaginan la vida de una persona rica, imaginan cuentas de banco con muchos ceros, lujo, ropa cara, una casa grande en una buena zona. Para el pobre la riqueza significa tener mucho dinero.

Por eso el pobre aspira a tener un trabajo que le deje un buen cheque a fin de mes, y al mismo tiempo sueña con obtener una herencia de un pariente lejano que murió sin dejar herederos, o con ganar la lotería. Son tópicos y dan risa, pero el fondo es ese: la creencia de que con dinero tendrá éxito, que tendrá acceso al mundo de los ricos, que será igual que ellos.

Hay muchas caras del fenómeno pero estamos rodeados de él. Seguramente conoces muchos blogs de tías que con la excusa de compartir su estilo con el mundo,  drenan a través del blog sus deseos de éxito. Ocupan la mayor parte de su tiempo en ver lo que se ponen las mujeres a las que consideran ricas y exitosas: la gente que está en la primera fila de las semanas de la moda. Se obsesionan con los detalles y comparten sus obsesiones. Para ellas tener las gafas de un diseñador determinado, el bolso del momento, un anillo específico, es un credencial que las acerca a ese mundo en el que aspirarían vivir. Más que con el trabajo fantasean con el estilo que el dinero puede comprar.

Los futbolistas muchas veces pasan de ser gente común a tener mucho dinero de la noche a la mañana, y automáticamente se consideran ricos. Tratan de cumplir con el papel emulando lo que creen que hace una persona así: buscan un coche caro y una novia guapa. Los raperos se bañan con botellas de champán de mil dólares.

Mucha gente que conozco ha aprendido de sus padres a ahorrar. Cuentan todo lo que consumen, recortan cupones, se apuntan a cualquier oferta y además se sienten bien haciéndolo. ¿A cuánta gente conoces que a pesar de tener el dinero para comprar algo que desean, esperan hasta que esté en oferta porque les sale más barato? Creen que acumulando su dinero serán ricos.

Pero para el rico la riqueza y el dinero no son la misma cosa. Entiende bien la diferencia que existe entre los dos. Para él el dinero es simplemente el producto de la riqueza y no al revés. Lo voy a repetir porque es realmente importante: la riqueza viene primero y lo es todo. El dinero es únicamente una consecuencia.

¿Qué es la riqueza? La riqueza es algo que se construye, que perdura en el tiempo, que se acumula, y que genera bienestar. El rico sabe que es mejor tener una empresa que genera 10 mil dólares mensuales que tener una maleta con un millón de dólares en efectivo. Sabe que comprar un terreno y construir una casa es generar riquezas, comprarse un piso no. La riqueza está en lo que construyes y lo que de allí se desprende. No es el dinero.

Esta diferencia de perspectiva no tiene que ver solamente con el trabajo, es algo que permea toda la realidad. Es como tener dos gafas distintas, unas con lentes de color verde y otras con lentes de color rojo: el mundo entero cambia dependiendo de cuáles tienes puestas. Una persona de clase media, por ejemplo, no sabe casi nada de la historia de su familia, con suerte sabe quiénes fueron sus bisabuelos. Pero las familias ricas conocen el pasado de su familia con mucha exactitud, hasta diez o quince generaciones atrás.

Para el rico, al igual que las casas y que las empresas, la familia es algo que se construye, un legado que recibes del pasado y que transmites hacia el futuro, por eso tienen muchos hijos y un fuerte sentido de identidad. Para el hombre de clase media la familia es una experiencia de vida que ocurre al margen de su trabajo. Tener hijos es una experiencia como puede serlo ir al cine y como no recibió ningún legado de sus antepasados, tampoco se esfuerza por dejarle uno a sus hijos.

El hombre pobre o de clase media cree que conseguir dinero es lo que te proporciona seguridad así que busca un trabajo de oficina, preferiblemente dentro de una empresa que él considere prestigiosa. Le gustaría que lo consideraran para un buen cargo porque su idea de construir es escalar. El pobre usa su trabajo para ganar dinero, pero no construye riquezas. Ni siquiera entiende la diferencia.

El rico no sobrevalora el dinero. Entiende que el dinero tiene poca importancia. El dinero es solamente el producto de la riqueza, de un paso que vino antes y que consiste en crear algo de valor a través del tiempo. El rico construye riquezas, el de clase media se aferra a su trabajo, el pobre fantasea con la lotería.

Una vez me invitaron a una reunión en casa de unos amigos. Había como veinte o treinta personas y alguien sugirió jugar a uno de esos juegos que se juegan cuando bebes alcohol. No recuerdo muy bien la mecánica, pero la premisa era decir qué harías con un millón de dólares.

Puede parecer una cantidad de dinero inagotable, en especial cuando la ves toda junta en un mismo lugar. Pero en realidad es muy fácil gastárselo. Un millón de dólares no te duraría mucho más de cinco años y eso sin vivir como un rico, viviendo como una persona normal.

El dinero no genera nada, no produce riquezas, ni bienestar. El dinero es únicamente una expresión de la riqueza. Si ganas la lotería eres igual de pobre que antes, sólo que ahora tienes dinero. Si te gastas lo que te dieron vuelves al lugar en el que estabas antes de comprar el billete ganador.

Comento todo esto porque eso es justamente lo que le hicieron a nuestras economías locales con la globalización. Sí, quizás el mercado globalizado es más eficiente produciendo dinero, pero no lo es produciendo riquezas. La globalización nos hizo intercambiar nuestras empresas por una maleta de un millón de dólares en efectivo. Durante un tiempo vivimos de ese dinero sin preocuparnos, creímos que éramos ricos. Ahora no tenemos nada, ni la empresa ni la maleta.

Esto es parte del libro que estuve escribiendo a lo largo del año pasado. Escribirlo ha sido una manera de generar riqueza porque por más tiempo que pase, tendré un libro que podré vender siempre, habré construido algo. Además la experiencia ha sido divertida tanto para mí como para los lectores. El libro cuesta 15€, si quieres saber más sobre el libro puedes leer de qué va en este enlace. Si quieres comprarlo directamente en Paypal puedes pulsar aquí.

Malabarismo mental

August 24th, 2012

MALABARISMO MENTAL

La habitación está totalmente oscura pero nuestros ojos se van ajustando gradualmente a la oscuridad. Algunas figuras aparecen contra el fondo negro en una escala de grises. Primero distinguimos, cerca de la puerta, una figura grande y rectangular, una mesa. Sobre ella algunos libros. A la izquierda hay otro mueble un poco más bajo con un televisor, y más allá está la cama. Hay una mujer acostada en la cama intentado dormir. Soy yo.

Sé que este ejercicio de salirme del cuerpo para hacer un recorrido de la escena con vosotros es poco ortodoxo, pero al ser un recuerdo, es una liencia poética que puedo permitirme. En realidad la persona que está en la cama puede ser cualquiera. Podrías ser tú, o él, o ella, el pronombre da igual porque es una situación en la que todos hemos estado sin excepción.

La persona que está en la cama, es decir tú, está tapada hasta las orejas con la cobija, y entre el aire acondicionado (al máximo) y la oscuridad (total) cualquiera pensaría que es una situación más que ideal para quedarse dormido. Pero no te duermes. Estás despierto. Cada cierto tiempo te das la vuelta, estiras la sábana, o arreglas la almohada, y sigues con el ejercicio de conciliar el sueño.

Si la escena fuése un cómic y tu personaje tuviese un bocadillo, de esos con forma de nube, dentro veríamos todo tipo de cosas. Algo sobre un examen oral que tienes al día siguiente en la mañana. También una frase o dos que alguien te dijo en la oficina. El email que una amiga te envió echándote algo en cara. O la respuesta perfecta para un comentario que te hizo la profesora de francés en frente de todo el mundo y que se te vino a ocurrir ahora, diez horas tarde. De vez en cuando una frase de alarma cruza la nube: “¡Tienes que dormirte! ¡Sólo te quedan tres horas!”

En resumen: hace poco descubrí que no padezco de insomnio. Mi aflicción es más general y menos misteriosa, es algo a lo que me gusta llamar “malabarismo mental”. Es un problema de desorden de pensamientos que va más allá del sueño, y que más bien inunda casi cualquier actividad. Consiste en algo tan simple que creo que a nadie se le ocurriría diagnosticarlo. El malabarismo mental consiste en que los pensamientos y las acciones no coinciden.

A ver si se entiende: estoy haciendo una cosa mientras pienso en otra. Es decir, que mientras haces algo que requiere de tu atención, estás en realidad pensando en una cantidad de problemas y escenarios que no tienen nada que ver con lo que estás haciendo en el momento.

Parte del problema es que las acciones que uno realiza en el presente son limitadas (en un segundo particular sólo puedo hacer una cosa), pero el espacio mental que puedes dedicarle a la basura es ilimitado, como un juke-box de la miseria en rotación contínua. Es imposible disfrutar del momento cuando tienes los 40 grandes éxitos dando vueltas en tu cabeza, pero además, cuando divides tu atención entre 4 cosas diferentes no haces nada bien.

Si estás pensando en un examen mientras tratas de dormir, lo más probable es que no hagas bien ninguna de las dos. No puedes resolver el examen a las 2 am desde tu cama, pero sí puedes quedarte dormido mañana durante el examen.

LÍNEAS DEL TIEMPO

No entiendo de pintura ni de fotografía. No es que no me gusten, es que no las entiendo. A diferencia de la música, del cine, o de la literatura, no sé cuánto tiempo se supone que tengo que estar ahí mirando. Quiero decir, que la pintura y la fotografía no se experimentan a través del tiempo, y eso hace que me cueste entender cómo disfrutarlas.

No es algo tan raro. Todos tenemos problemas con la experiencia del tiempo. A nuestra conciencia no le resulta fácil manejarlo. Muchas de las actividades que hacemos tienen como objetivo darle forma o estructura al tiempo. De otro modo no sabemos qué hacer.

Por eso la conciencia tiene un inventario de problemas reservado en el juke-box para esos momentos. Saca alguno cuando siente esa necesidad de estructurar el tiempo. Nosotros creemos que los problemas que nos arroja el juke-box nos interesan, caemos en la trampa de la conciencia, y pasamos un buen rato analizando pros y contras, escenarios alternativos, etc sin darnos cuenta de que todo es una estrategia para mantenernos ocupados.

En realidad operamos en dos líneas del tiempo diferentes. la primera línea del tiempo es la de la acción. En esa línea del tiempo están las acciones que hacemos en el momento en el que las hacemos. Tú por ejemplo, estás leyendo esto. Yo estoy escribiéndolo, aunque para el momento en el que tú lo leas ya no estaré escribiéndolo sino que estaré haciendo otra cosa. La línea del tiempo de la acción es un eterno presente, no tiene pasado ni tiene futuro.

Después está la línea del tiempo de la mente que se superpone a la de la acción. Es sólo en esa línea del tiempo en la que existe el pasado, el futuro, y los presentes alternativos. En ella se guardan los recuerdos, y se generan las fantasías. En ella se acumulan culpas, frustraciones, y también alegrías y orgullo.

DEJA A LA PUTA EN LA ORILLA DEL RÍO

Un monje y su pupilo peregrinaban por una montaña. En la orilla de un río se encontraron con una puta que les pidió ayuda para cruzar al otro lado. El maestro cargó a la puta en su espalda y cruzó con ella el río, la dejó en la otra orilla. La puta se despidió y reanudó su marcha, los monjes también la suya.

Horas después el pupilo le preguntó a su maestro: “¿por qué cargaste con la puta a través del río? ¿Te olvidaste de que no podemos tocar mujeres, mucho menos mujeres como esa?”

El maestro le respondió: “yo dejé a la puta en la orilla del río, pero tú sigues cargándola”.

Hay problemas que se arrastran en el tiempo. Que independientemente de la solución práctica del problema, hay un aspecto interno de ese problema que está desligado de lo práctico y al que nos aferramos. Es un apego a las situaciones que nos hace cargar con ellas mucho tiempo.

Conozco a una mujer que llegó a un cargo muy alto en un banco y la despidieron. Al poco tiempo encontró otro trabajo y no le va mal. De eso hace 20 años, pero ella sigue hablando de su problema hasta el día de hoy.

También sé de un hombre al que su mujer lo engañó con otro hace seis años. El hombre quiso seguir con ella, y aunque aceptó sus disculpas, nunca la perdonó en su interior. Hasta el día de hoy la culpa por su infelicidad.

Estos problemas tienen que ver con anclarse en el pasado. Cuando la mente está en el pasado arrastramos problemas, cargamos con la puta, comparamos nuestra realidad con un pasado mejor, o nos lamentamos de ofensas que debieron quedar atrás.

También podemos anclarnos en el futuro cuando generamos expectativas fantasiosas que no se cumplen. En realidad los problemas que se arrastran en el tiempo tienen dos orígenes:

1) Expectativas: tenemos una idea clara de lo que va a pasar. O de lo que queremos que ocurra. Construimos una fantasía y pretendemos imponérsela a la realidad. Cuando la realidad nos señala que estamos en un error, que lo nuestro es una fantasía, nos frustramos.

Ocurre con los planes a futuro, pero también ocurre con ideas que damos por sentado. La ejecutiva del banco creía que bastaba con trabajar bien para tener su puesto toda la vida. Tanto creyó en su fantasía que construyó su identidad alrededor de su trabajo, su vida giraba en torno a él. Cuando la despidieron no lo supo manejar. Encontró otro trabajo (resolvió el problema en lo práctico) pero no se liberó del problema en su interior y sigue arrastrándolo hasta hoy.

Lo mismo con el matrimonio y la infidelidad, o con las expectativas de vida. La gente que cree que va a estar en algún punto en algún momento, creen que basta con proyectarse para alcanzar una meta. Padres que creen que a los hijos hay que “impulsarlos” como si fuesen proyectiles.

Trazarse expectativas tiene que ver con escribir un guión para la vida, cuando la vida no se ajusta a nuestro guión nos angustiamos. Es la idea de que no tenemos control sobre lo que ocurre lo que genera esa angustia.

2) Incertidumbre: el segundo problema es de incertidumbre. Cuando no tenemos la certeza de saber cuál será el desenlace de una situación, no tenemos ni idea de lo que va a ocurrir.

Este es otro problema que nos mantiene despiertos por la noche. No sabes qué preguntas te harán mañana en el examen, no sabes cómo vas a responder, no sabes qué nota vas a sacar, no sabes qué carrera vas a estudiar, en qué universidad, no sabes si te darán un trabajo o no, no sabes qué quieres hacer con tu vida, o dónde se supone que deberías estar.

Al final ambos orígenes son el mismo: miedo a vivir sin seguridades, no poder anticiparse a lo que va a ocurrir. El único antídoto para esa angustia es aprender a hacer que las dos líneas del tiempo coincidan. Que la mente aprenda a vivir en el presente y a coincidir con el mundo de las acciones. Suena fácil pero requiere de disciplina y serenidad.

LO QUE ANOTAS EN EL CUADERNO

Odio la palabra “favor”. Es una palabra hipócrita. La gente que hace favores cree que los hace por bondad, cree que es desinteresado. En el fondo pocos son capaces de hacer favores sin esperar una recompensa.

Algunos hacen favores esperando a cambio un trato favorable. Otros los hacen para volverse indispensables. Hay quien hace favores para controlar al otro. Hay quien acepta de frente que si te hace un favor espera cobrártelo después, como Vito Corleone, pero a ese tipo de tratos los llamamos mafia.

Nietzsche decía que uno no debe aceptar favores porque quien los hace sólo quiere ahorcarte con la soga de tu agradecimiento.

Baudrillard decía que la única manera de pagar un favor es con venganza.

Yo creo que si es difícil mantener la mente de una sola persona, de uno mismo, limpia y en orden, es una tarea casi titánica mantener la de varias personas a la vez, y que además estén en sincronía.

Por eso es tan difícil encontrar un amigo de verdad, y si lo tienes cuéntalo entre tus bendiciones.

Cuando se mezclan las expectativas de uno con las expectativas de los demás, es una buena receta para el desorden.

Tengo una amiga que anota en su cuaderno todo lo que hace por los demás. Lo que te regaló en tu cumpleaños hace 3 años. La vez que te prestó una cartera porque combinaba con tu vestido. Cuando te llevó en su coche hasta la estación del metro.

Mi otra amiga se ríe. Dice “yo jamás podría tener un cuaderno así, hay que tener paciencia” y tiene razón, pero ella tiene un cuaderno peor en su mente en el que anota lo que los demás hacen por ella. Ella sabe con lujo de detalles quién la felicitó por su cumpleaños en facebook (y quién no). Sabe quiénes la apoyaron cuando se murió su perro (y quienes no). Sabe cuántas llamadas le has devuelto, si le respondiste o no el email la semana pasada, y si olvidaste traerle un recuerdo de Cancún.

Llevar cuentas como estas es un atentado contra ti mismo. Cada cosa que anotas en el cuaderno te roba tu paz mental. Cada página es un disco del juke-box, y regresará a atormentarte cuando estés dando vueltas en la cama intentando dormir. Cuando anotas lo que haces por los demás, tus regalos se transforman en favores. Cuando anotas lo que el otro te debe la deuda la pagas tú.

Mantener el equilibrio con las amistades requiere de una gran capacidad de orden. Saber poner cada cosa en su lugar. La mayoría de las amistades fracasan por las mismas razones: expectativas e incertidumbre. Así que aprender a manejarlas no sólo calmará tu mente, sino que además mejorará tu relación con los demás.

PASA LA PÁGINA

Llevo algún tiempo luchando contra estas dos sensaciones, y creo que he descubierto algunas ideas que son útiles para aprender a dejar los problemas atrás. Para sincronizar ambas líneas del tiempo. Como siempre os digo, no es una receta universal, y tampoco es un plan perfecto. No prometo ningún resultado, pero probarlo no cuesta nada, y quizás te funcionen.

1) No te ofendas. Ni con la realidad, ni con tus amigos. Si te despidieron de un trabajo, si no te contrataron aunque te fue bien en la entrevista, si alguien va o no va al funeral de tu abuelo, si se olvidaron del aniversario, no te ofendas. Si algo te ofende es porque tenías una expectativa que no se cumplió. El error es tuyo y no de la realidad o de tu amigo. Aprende de la realidad y ajústate a ella, no pretendas que la realidad se ajuste a ti.

2) Busca la acción en sí misma. Actuar es un privilegio y los frutos de tu acción no te pertenecen. No uses los frutos como motivo para actuar. Eso sólo te llevará a frustrarte.

3) No lleves la cuenta. De nada. Es anclarse en el pasado.

4) Resuelve los problemas en tu interior. No cargues con la puta. Cuando resuelvas algo en el mundo práctico, tómate un tiempo para resolver el problema en tu interior y asegúrate de que no se va a convertir en uno de 40 grandes éxitos de tu juke-box.

5) No fantasees sobre tu futuro. No tienes el control sobre lo que va a pasar. No te pongas en una posición en la que es imposible sentirte feliz con lo que tienes. Si pasas la mitad de tu vida fantaseando con que te darán el Nóbel, lo más probable es que te lleves una gran desilusión.

6) No te sacrifiques por los demás. Sé honesto contigo mismo y con los demás. Si no haces nada que no quieras hacer no estarás esperando nada de nadie y tampoco participarás de los juegos de los demás.

Este verano estoy escribiendo muchísimo, porque me estoy dedicando de lleno a escribir mi libro. Se llama “La Vida Simple” y ha vendido más de 30 mil copias. Si quieres saber mejor de qué va, pulsa aquí. Si lo quieres comprar a través de Paypal cuesta 15€ y lo puedes hacer aquí: http://pul.ly/b/50040

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